EL CÍRCULO DE LA SABIDURÍA

El Círculo de la Sabiduría recoge las conclusiones de mi búsqueda interior y de mi trabajo de meditación. He consagrado mi vida a la búsqueda interior y, en los últimos años, he alcanzado algunos interesantes resultados que me gustaría compartir con el lector. No creo que en una cosa como es la meditación se pueda hablar de rigor científico, pero sí que es legítimo hablar de método, la “investigación interior” se puede hacer de forma más o menos metódica, sin embargo, las conclusiones, al ser completamente subjetivas, no pueden tener mayor rigor que el de la opinión. Juan Almirall

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viernes, 16 de enero de 2015

LA QUÍNTUPLE GNOSIS

Cinco son las Sabidurías o Jñanas de los cinco Dhyani-Budas. Son cinco Gnosis o una Quíntiple Gnosis que se revela en el momento de la disolución de la conciencia, esto es, en el momento de la muerte, según la obra tibetana el Bardo Thodol. Cinco días tras la muerte efectiva sueña el alma del difunto con la aparición de cinco luces que representan las Cinco Gnosis y nos muestran la disolución de los factores composicionales de nuestra conciencia, los cinco factores o agregados que nos permiten construir el mundo tal como lo conocemos. Llegado el momento de la muerte, los vientos internos y las mentes que los cabalgan se disuelven y nos muestran extrañas visiones kármicas, que decidirán nuestras próximas existencias en otros mundos y otras mentes:

1. La Gnosis del Espacio del Dharma o de la Vacuidad, relacionada con el elemento éter, se revela como el Buda Vairochana. Muestra la insustancialidad de los fenómenos, que hemos considerado a lo largo de la vida como reales, como sustancialmente existentes. El Maestro Vairochana hace el mudra de la Sabiduría del Dharma, porque nos muestra la impermanencia de las cosas. Si no hemos aprendido en vida a reconocer la impermanencia e insustancialidad de los fenómenos, moriremos contaminados con el veneno de la ignorancia y nuestro karma nos obligará a volver a nacer, hasta que reconozcamos esta insustancialidad del yo y del mundo. Cuando tiene lugar la revelación del Buda Vairochana el viento que sustenta la vida (prana-vayu) se introduce en el canal central, destruyendo el agregado de la forma y el difunto ve el mundo como un espejismo.

2. La Gnosis semejante al Espejo, relacionada con el elemento agua, se revela como el Buda Akshobhya, que muestra el mudra del testimonio. Produce la calma y la paz de la contemplación serena y desapasionada de todos los Budas, la mirada compasiva de los que no han sido engañados por la apariencia de los fenómenos y miran con amor y compasión a todos los seres vivos y se regocijan con su felicidad. Si no hemos desarrollado esta gnosis de forma espontánea, la cólera nos arrastrará hacia las luces ahumadas y tenues de donde brota el odio y la ira. El elemento del Buda Askhobhya es el agua clara y azulada, como un cielo despejado de una mente limpia, pura y serena. Cuando tiene lugar la revelación del Buda Akshobhya el viento descendente evacuador (apana-vayu) se introduce en el canal central, destruyendo el agregado de la auto-conciencia del yo, y el difunto ve el mundo como lleno de vapores y humos.

3. La Gnosis de la Identidad Universal, relacionada con el elemento tierra, se revela como el Buda Ratnasambhava, que hace el mudra de la generosidad. La luz amarilla de este gran Buda destruye la ilusión humana, su egoismo y orgullo, la humildad y la generosidad son sus antídotos. La gnosis de la Identidad Universal muestra a los seres el camino de la igualdad y la generosidad, es la Sabiduría de la Ecuanimidad, reconoce la abundancia ilimitada del universo y del mundo, la asuencia de límites fijos en todo ser o situación. Cuando tiene lugar la revelación del Buda Ratnasambhava el viento que lo impregna todo (vyana-vayu) se introduce en el canal central, destruyendo el agregado de la sensación, y el difunto ve como lucecitas de luciérnagas en las oscuras brumas de su mente.

4. La Gnosis del Discernimiento, relacionada con el elemento fuego, se revela como el Buda Amithaba, el Buda rojo como el sol del atardecer cuando llega el ocaso, que ilumina nuestra concepción de la singularidad de cada situación o fenómeno, que es el resultado de condiciones irrepetibles, manteniendo nuestro interés apreciativo hacia cada manifestación de la riqueza de la vida, lo que nos permite amar a todo y a todos de forma incondicional. El Buda Amithaba representa la respuesta emocional positiva y activa del amor incondicional, es rojo porque muestra la energía concentrada de la meditación, por ello el Buda hace el mudra de la concentración sostenida. Representa la absorción meditativa, la Perfección en la Meditación. Cuando tiene lugar la revelación del Buda Amithaba el viento que permanece por igual (samana-vayu) se introduce en el canal central, destruyendo el agregado de la percepción y el difunto ve como una llama de una vela.

5. La Gnosis del Cumplimiento o del Logro Completo, se relaciona con el elemento aire, es revelada por el Gran Buda Amoghasiddhi procedente de la Tierra Pura del Norte, que hace el mudra de la protección. Su color es el verde del anochecer y su familia del karma o de la acción, pues de él depende la consecución de las acciones, de la acción verdadera, la que se ajusta a las otras cuatro Gnosis. Amoghasiddhi nos protege y purifica nuestras acciones, depura nuestras intenciones y los efectos de nuestros actos. Cuando él aparece se abre el pozo de la envidia y del miedo, que son los venenos que esta Gnosis elimina. Cuando tiene lugar la revelación del Buda Amoghasiddhi el viento ascendente movedor (udana-vayu) se introduce en el canal central, es el viento que permite la palabra, por ello, en este momento desaparece todo logos y el difunto no ve nada, surge la mente negra cercana al logro de la Luz Clara de todos los Budas, destruye el agregado de la predisposición psíquica (intenciones o voluntad), la mente se disuelve por completo.

El que toma refugio en los Cinco Dhyani-Budas, medita en Ellos y en sus cinco Gnosis, podrá triunfar en el segundo Bardo, el chonyid-bardo o el estado intermedio de la experiencia de la realidad, el sueño kármico que precede al renacimiento.


lunes, 5 de enero de 2015

LA PALABRA PERDIDA

Con el nombre de Gnosis se conoció durante los siglos III y IV la Sabiduría antigua recogida en los libros sapienciales y contenida en los templos egipcios y caldeos. Varios movimientos carismáticos detentaban una Gnosis inspirada en la antiquísima Sabiduría de los egipcios, una Sabiduría que mostraba el camino del alma por el más allá, informando al iniciado de las palabras mágicas que debía conocer y memorizar tras la muerte, para poder sortear los obstáculos que encontraría en la morada de los muertos. Las fórmulas mágicas expresadas en palabras y signos secretos se revelaban a los iniciados en los Misterios Gnósticos.

Tres fueron las grandes corrientes que detentaron una Gnosis semejante: el Hermetismo egipcio, el Gnosticismo judeocristiano (compuesto por diferentes sectas de entre la que destacaba la de los Valentinianos) y los Maniquéos, seguidores del gran profeta Mani de Babilonia. El Hermetismo se difuminó en el Oriente durante la época islámica y algo de él sobrevivió en el Imperio Bizantino, más como curiosidad filosófica que como práctica mistérica; el Gnosticismo fue perseguido y ahogado por la Iglesia imperial, al igual que el Maniqueísmo en Occidente. Sin embargo, éste último pudo viajar hacia Oriente donde encontró una singular acogida en algunos lugares de la China y Tibet, llegando a confundirse con el Budismo Tántrico inspirado en el Bardo Thodol (el Libro Tibetano de los Muertos).

En el siglo VI comienza en Occidente la Edad Media con la prohibición de enseñar a los paganos y el cierre de la Academia de Atenas por el edicto de 529 del emperador Justiniano, el Neoplatonismo filosófico, última expresión del Hermetismo es silenciado y sus maestros, Damascio y Simplicio, viajan a Persia, no se sabe que les sucedió allí. Tendremos que esperar al año 1458, fecha en la que aparecen en Italia dos códices del Corpus Hermeticum, uno en la biblioteca del cardenal Bessarion y otro en la de Cosme de Medicis. Novecientos años de persecuciones para erradicar de Europa cualquier rastro de gnosticismo, movimientos carismáticos, maniqueísmo o paganismo. Por lo que las palabras mágicas de los antiguos egipcios, destinadas a abrirnos las puertas de las estancias de los muertos, desaparecieron de nuestro universo cultural, la magia quedó proscrita, solo algunos osados brujos, hechiceros o nigromantes se atrevieron a desafiar la prohibición, conservando alguna clavícula secreta y alguna fórmula mágica, sin saber muy bien qué sentido tenían.

Sin embargo, a partir del Renacimiento comienza en Europa un intento de recuperar el Neoplatonismo y el Hermetismo, que toma forma en la nueva Academia de Florencia presidida por Marsilio Ficino bajo el patrocinio de los Medicis. De allí resurgirá un nuevo impulso que materializarán personajes como Paracelso en Suiza, John Dee en Inglaterra, Giordano Bruno en Italia, o Cornelio Agrippa en Alemania, entre muchos otros. Esta nueva euforia gnóstica intenta encontrar una dirección en la Fama Fraternitatis de los Rosacruces, que pretendía agrupar en una Fraternidad a todos los sabios herméticos de Europa para intentar recuperar la Gnosis que permitiría construir la Morada del Espíritu Santo. Pero las guerras de religión y un enemigo peor, el Racionalismo cartesiano que se apodera de la ciencia, pondrá límites a la euforia y obligará a los filósofos herméticos a esconderse para seguir su búsqueda de la Gnosis, de las Palabras Perdidas, de forma clandestina.

Así vemos tomar forma a la Fraternidad de los Francmasones que relanza el interés por la búsqueda de la Palabra Perdida, a partir del año 1717, desde Inglaterra, Francia y Alemania. La Francmasonería fue el lugar donde se dieron cita los buscadores de la Gnosis y los místicos durante el Siglo de las Luces, lo que permitió desarrollar un complejo sistema de grados, que en el fondo evidenciaba una profunda desorientación. Sobre los tres grados simbólicos masónicos se superpusieron muchos otros grados que intentaban recopilar todos los intentos de recuperación de la Gnosis a lo largo de la historia de Occidente: alquimia, cábala, rosacruz, templarismo, etc., todo puede ser escenificado en las logias masónicas, el último bastión de una Gnosis, más en el recuerdo que efectiva.

A finales del siglo XIX, en el año 1875 se funda en Nueva York la Sociedad Teosófica, un nuevo impulso que rescata los últimos restos de Gnosis, gracias al viaje a Oriente de sus fundadores. HP. Blavatsky había expresado en su primera gran obra (Isis sin velo) la necesidad de reformar la Francmasonería, como único espacio donde se podía encontrar algo de aquella Gnosis perdida, que ella denominaba Teosofía. En su segunda gran obra, La Doctrina Secreta y en especial en La Voz del Silencio, demostró claramente que había encontrado el filón perdido, la Gnosis que los Maniqueos habían llevado a Oriente y que se fusionó con el Budismo Tántrico, el Budismo esotérico. La Sociedad Teosófica puso los fundamentos en Occidente para recibir a los lamas y yoguis que traían nuevos tesoros, nuevas Palabras Mágicas para guiar a la conciencia en su camino por el Bardo, las estancias mentales por las que se disuelve la personalidad tras la muerte. 

martes, 30 de diciembre de 2014

DISCURSOS E IMAGINACIÓN

El yo es discurso y por tanto logos, un conjunto de palabras sobre nosotros mismos. El Logos, la Palabra refiere al lenguaje, la facultad que nos hace seres humanos, que nos permite comunicarnos con los demás, con nosotros mismos y también con los espíritus y los dioses, al menos, así lo pensaban los seres humanos del pasado. El lenguaje que constituye nuestra identidad es una de las actividades fundamentales de la mente humana.

El lenguaje tiene capacidad evocadora, cada sonido evoca en nuestro cerebro imágenes, digan lo que digan los filósofos del lenguaje (con los que estuve discutiendo todos los años de carrera). El lenguaje dibuja en nuestra mente formas, cada sonido tiene su geometría, cada sonido es capaz de generar una forma determinada, incluso un color. Por ejemplo, cuando digo o escribo la palabra "Nefertiti" automáticamente aparecerá en la imaginación de las personas informadas la imagen de la reina egipcia, un conjunto de líneas, formas y colores, iluminadas por la luz.

Lenguaje e imaginación son dos fenómenos mentales íntimamente relacionados. Una idea fundamental de la filosofía india es la estrecha relación existente entre rupa-nama, forma-nombre. Todo nombre genera una forma y toda forma tiene un sonido, un nombre. Los dioses, y aquí llegamos a una de las ideas fundamentales de toda gnosis, tienen una forma, conocer las formas y los nombres de los dioses es conocer su energía, su fuerza, su actividad. El gnóstico utiliza la magia de los nombres y de las formas de los espíritus y de los dioses. Esto es una idea muy claramente expresada en el Corpus Hermeticum, Hermes le dice al rey Amón que no traduzca sus discursos, pues nuestras palabras (el lenguaje egipcio) encierran la energía y la fuerza de lo que expresan.

Pero más allá de estas consideraciones mágicas, lo cierto es que existe una íntima relación entre el lenguaje y la imaginación, y como decía C.G. Jung "todo fenómeno anímico es a la vez una imagen y una imaginación, pues de lo contrario no podrían existir ni la conciencia ni la fenomenicidad del proceso. La imaginación es también un proceso psíquico..." Al psiquiatra suizo le interesaba la imaginación y su fenómeno parejo, los sueños. Los sueños son imaginaciones liberadas de nuestra memoria, que conserva un sinnúmero de imágenes, algunas incluso elaboradas por el propio subconsciente, que trabaja fundamentalmente con imágenes.

En todo proceso iniciático es fundamental la imaginación, de hecho, un ritual iniciático es una escenificación teatral que apela a la imaginación del iniciado. Una serie de imágenes, gestos y actos rituales provocan en el iniciado un efecto, que luego, a lo largo del tiempo que sigue a la iniciación, intentará desentrañar su sentido. En la antigüedad el ritual iniciático era una experiencia similar al viaje del alma por el más allá. Así, el iniciado recibía el mapa del viaje que realizaría tras la muerte, el círculo de la sabiduría es un mapa a través de las imágenes oníricas que experimenta el alma tras la muerte, así como las palabras mágicas que debía recitar para contener a los guardianes de las puertas de las estancias del más allá. Y este es el sentido del Tantra, sobre todo de su texto esencial, el Bardo Thodol.